lunes, 24 de septiembre de 2012

CON EL MUNDO A TUS PIES (I)



Se suele decir que una mujer nunca tiene demasiados zapatos, ¿Será cierto? ¿Habrá mujeres que tengan un solo par o, por el contrario, tengan 365 como cada día del año? Como la non grata Imelda, ¿Habrá mujeres que tengan más de mil pares? ¿Y para que quieres mil pares de zapatos?

¿Tendremos zapatos olvidados por ahí? Imagina la escena, estás revisando tu clóset o haciendo limpieza y encuentras una caja o una bolsa, la abres y exclamas: “¡AY! Hace mucho que no uso estos zapatos” y te los pones, y ves como luce tu pie, y en cuanto los ves al espejo, hasta vestida te sientes (no importa si traes pijama o pants, tú te sientes vestida y súper bien vestida).

El caso es que estos amigos muchísimas veces nos suelen vestir o destrozar todo un outfit completo. Podrás traer el mejor atuendo, el mejor maquillaje, un corte y/o peinado esplendoroso y manicura perfecta; pero si tus zapatos están descuidados, sin tapa, todos pardos y sucios o no van con todo lo demás, ya echaste a perder el tiempo que invertiste en todo lo demás.

Si por el contrario, tal vez no traes el mejor atuendo pero tus zapatos son de lo mejor, mucha gente se fijará en ti. Parece mentira pero muchos traemos un radar para estos casos “zapatos maltratados a tu izquierda, zapatos bellísimos a tu derecha, a las 1200 horas zapatos que mueres por tener”.

Sea como sea, siempre tendremos más de un par, eso sin contar los tenis (post aparte) y los flats (oh si, ellos también merecen post aparte) amén de que a estos queridos amigos, los divido en las siguientes categorías:

  1. Los de batalla o que no puedes vivir sin ellos;
  2. Los que arreglan cualquier situación, aquellos que sientes que con ellos dominas al mundo;
  3. Los que compraste en combinación con una bolsa y;
  4. Los que te pones cada mil años, pero sabes que son una joya o que adquiriste por puro capricho.






Los favoritos del punto No. 1 de la dueña de estos ejemplares
Estos creo son el punto No. 4 de la dueña de los zapatos. 
Así que la próxima ves que veamos a nuestros zapatos ahí arrumbados, y descuidados, pensemos esto: O los atendemos de urgencia dándoles vida o los regalamos, ya que invertimos un buen rato en ellos mientras nos los probábamos  haciendo sufrir a quienes nos acompañaron a comprarlos (si es que nos acompañaron) y a los que nos atendieron; y porque ellos, nuestros queridos zapatos, son quienes cargan con todo nuestro ser tanto físico y anímico durante todo el día.

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